Contenidos más leídos

Lo más leído

Artículos recientes

RSS

La vida y el destino

Enviado por Luis Córdova el 30/04/2008 a las 12:31 PM

Fuente: WikipediaEl destino es un abismo misterioso y caprichoso situado entre nuestras vidas y lo que nos toca vivir. A veces generaciones enteras son azotadas por circunstancias que sacan a la superficie fortalezas, crueldades, generosidad y miseria. Hace muchos años Vasili Grossman escribió sobre estas circunstancias en la obra maestra de su vida. Pero el destino impidió que la viera publicada.

El libro “Vida y destino” reapareció hace poco en español con una traducción excelente. A mi ciudad, a miles de kilómetros de Madrid, tardó algo en llegar, y lo hizo a un precio prohibitivo. En condiciones normales no lo hubiera comprado. Hasta que una tarde solitaria y despejada, lleno de saudades de las cuales necesitaba desprenderme, entré a una librería, lo pagué y fui a un bar a leer esas páginas en las que el bien y el mal mutan y se confunden.

(Nota: Este artículo fue originalmente publicado en el blog http://luiscor.typepad.com de Luis Córdova)

Encontré una novela rusa en sus dimensiones, escrita por un periodista soviético en pleno siglo XX. Unas 1.100 páginas sin sangrías innecesarias, decenas y decenas de personajes con nombres complejos. Venía saliendo de “Los hermanos Karamazov”, leída con mucho esfuerzo tras muchos intentos fallidos, así que tenía poco sentido sumergirse en otra epopeya de dimensiones similares. Pero ocurrió. Y así los ojos se encontraron con la primera línea: “La niebla cubría la tierra”.

La novela transcurre durante el sitio y la batalla de Stalingrado, en la Segunda Guerra Mundial, y recorre vastos paisajes de la Unión Soviética de entonces. Todos los personajes están traumatizados dadas las dimensiones de la tragedia. No es un libro fácil, hay escenas tan conmovedoras que a veces la lectura se estanca y los pensamientos vagan sin rumbo.

Este sentido de la tragedia puede afectar de forma distinta a diferentes lectores. En todo el libro casi no hay espacio para la dicha y la felicidad. En cambio, la esperanza es desmedida, y suele ser lo único que queda en los corazones de quienes observan los restos de su casa incinerada por las bombas, o para los que se acostumbran a la muerte.

Grossman es un periodista histórico. Su biografía lo ubica como un famoso corresponsal de guerra que avanzó con el ejército soviético, describió el horror de Stalingrado y además narró las primeras liberaciones de los campos de concentración.

En esta novela hay dos fuerzas oscuras. Una es la del nazismo, el nacionalsocialismo. La otra es la del stalinismo. La primera de esas amenazas une a todos los personajes soviéticos, pues viene de fuera. La otra es mucho más siniestra, más íntima, porque les pertenece, los divide, y los transforma en víctimas o delatores de vecinos o colegas.

Tras la aparición del libro en España, el escritor de ese país Antonio Muñóz Molina escribió un artículo para celebrar tanto esta publicación como para hacer notar la existencia de una novela que desafía la realidad porque fue escrita en vano, pues Grossman, una mente sagaz, sabría perfectamente que no había ninguna posibilidad de publicarla en su país.

“Vida y destino” es un libro que deben temer todos aquellos que estén en contra de la libertad, por cierto, pues es, con toda franqueza, una novela de denuncia sobre el horror de las guerras, del totalitarismo, del racismo, de la prepotencia, de las dictaduras, y de las flaquezas, inevitables, con que se encuentran los humanos enfrentados a un destino inesperado.

La historia que se cuenta sobre esta novela es la siguiente: en tiempos de Jruschov, cuando se renegó del stalinismo, Grossman decidió enviar el manuscrito a una editorial. Algún tiempo después lo citó un funcionario de Estado quien, sin desmerecer los méritos del trabajo, auguró que no sería posible publicarlo en al menos 200 años. Luego, agentes del servicio secreto quemaron todas las copias del manuscrito e incluso la cinta de la máquina de escribir de la mecanógrafa, para borrar las huellas.

Grossman, por suerte, había entregado otros manuscritos a amigos y, según se cuenta, finalmente fue contrabandeado fuera de la Unión Soviética. Se publicó en los años 80. “Vida y destino”, “Zhizn i sudbá”, en ruso. En 1985 apareció en inglés, “Life and fate”. El corresponsal de guerra había muerto 20 años antes, en 1964 en Moscú.

Algunas escenas

Aunque fue traducida al español anteriormente, a partir de una versión en francés, la novela no había causado mayor impacto en nuestro idioma. La nueva edición, de Galaxia Gutemberg, fue traducida por Marta Rebón, y su trabajo es de calidad: la lectura fluye sin trancas. Y esa es una gran cosa cuando se trata de una gorda novela rusa. De hecho, es todo un acontecimiento literario.

Al principio uno se siente confundido. Estamos en un campo para prisioneros soviéticos, y los personajes aparecen con tanta velocidad que parece imposible retenerlos o ubicarlos en contexto. Luego, página a página, uno se acostumbra a los diferentes escenarios y comienza a adentrarse en los personajes, a desarrollar favoritismo por algunos, antipatía por otros. Al final, después de varios días conviviendo con la guerra y sus consecuencias, queda un vacío, dan ganas de que siguiera, de continuar viviendo con esas personas que, con demasiada frecuencia, se debaten entre el reproche y el remordimiento.

Un personaje clave en la novela es Viktor Pávlovich Shtrum, un físico que a través de su existencia refleja virtudes y contradicciones. Un descubridor de los misterios del tiempo y el espacio que de pronto se ve enfrentado, con desolación, a si mismo.

¿Olvidé decir que además “Vida y destino” es una novela virtuosa en el lenguaje? ¿abundante en poesía y física?

Recuerdo a Viktor, cuando aparece en el capítulo 17 pensando en las leyes de la física a pesar que el mundo habitual se deshace a su alrededor. Y reflexiona: “¡El campo de fuerzas es el alma de la materia! La unidad que comprende onda de energía y corpúsculo de la materia… la estructura granular de la luz… ¿Es una lluvia de gotas luminosas o una onda fulminante?”.

El capítulo 18 es clave en esta larga novela. Es una carta de Anna dirigida a su hijo el físico Viktor. “Quiero que sepas lo que han sido mis últimos días; con este pensamiento me será más fácil dejar esta vida”. Habla de la llegada de los alemanes a Ucrania, de su confinamiento en un ghetto, y de cómo su vida se va deshaciendo. No entiende lo que esta pasando, “nunca me he sentido judía”. El ghetto, descubre, es un lugar lleno de esperanza. “¿Qué puedo decirte de los seres humanos, Vitia?”, le dice a su hijo.

La carta es larga y extremadamente conmovedora y concluye con una advertencia: “Vive, vive, vive siempre…”.

“Nunca, antes de la guerra, Shrum había pensado en el hecho de que era judío, de que su madre era judía”, comienza el capítulo 19. Pero eso había sido trastocado por la tragedia. Luego lee de nuevo la carta de su madre y siente “una cuchilla fría golpearle la garganta”.

Las contradicciones de los hombres del partido comunista sometidos a la guerra son impactantes. E inexplicables la falta de contradicciones de otros. En una escena dramática un prisionero soviético desea ser torturado, en vez de seguir escuchando como un oficial de las SS nazis le explica por qué los dos se parecen tanto, y por qué sus objetivos como militantes de partido son similares.

Otras escenas de la novela colocan a las personas en una casa, donde está la vanguardia de la resistencia del ejército rojo al sitio de Stalingrado, habitada por seres que parecen venidos de otra galaxia, supervivientes, locos. O en la central hidroeléctrica, donde la hija del encargado de la instalación mira al cielo, a la espera de su novio piloto. O en la misma Stalingrado, donde una señora vuelve a su casa destruida y le cuesta recordar cómo era la vida allí, tan acostumbrada que está a la muerte, la desesperación, el hambre y toda clase de privaciones.

También hay batallas, o retratos de una vida cotidiana marcada por las carencias que, de pronto, se vuelven la regla y no la excepción.

Y esta novela incluye a partir del capítulo 45 la historia de la muerte en la cámara de gas de Sofía Óspinova, quien encuentra su propio destino de la mano de un niño a quien una pequeña jugarreta del azar colocó en un territorio donde llegó el ejercito fascista y exterminador, y que ella ha adoptado en un tren de la muerte.

La descripción del desenlace de este encuentro es probablemente una de las escenas más estremecedoras que ha producido la literatura de todos los tiempos. Da pudor hacer una cita de esta página, porque sería como romper un tabú.

Después de las primeras victorias contra los invasores de Stalingrado, los papeles se confunden. Al final, llega la tristeza en medio del silencio de otoño. “Se oía en su mutismo el lamento por los muertos y la furiosa felicidad de vivir…”.

Así, esta novela es un canto a la esperanza. Y un homenaje no sólo a quienes fueron víctimas directas de este episodio, sino a toda la humanidad.

Grossman, Vasili. “Vida y destino”, Círculo de lectores, Galaxia Gutemberg, traducción de Marta Redón, 2007.


Parece un excelente libro

Enviado por el 16/05/2008 a las 12:03 PM
Malú

Por lo que se lee en tus palabras escritas... me gusta leer novelas escritas por periodistas y más aún basadas en hechos históricos. Tendré que buscarla y leerla, aunque antes de ello deba concentrarme bastante en no olvidar los nombres rusas, pues en eso soy media complicada...pero creo que vale la pena correr el riesgo, gracias por el dato.

saludos

***********

Lo más importante en la vida, es uno mismo.

  Malú







Suscribirse a los comentarios de este artículo en RSS