Lunes apocalíptico y desintegrado

El fin del mundo no comenzará en agosto, según un comunicado de prensa. Aliviados por la noticia, sólo queda esperar que sea cierto y no terminemos tragados por un agujero negro microscópico producido en un misterioso laboratorio. El pronóstico podría cambiar, sin embargo, si se repite otro estallido como el de Tunguska de 1908 pero con peor (o mejor) puntería. Ahora, si necesitamos escapar en busca de otro planeta tenemos una novedad: podremos cultivar espárragos en Marte.

Tunguska aparece por todos lados este lunes. Hace exactamente 100 años, en la mañana siberiana de un 30 de junio, una gran explosión provocada por una bola de fuego arrasó con al menos 80 millones de árboles. Leo la noticia y recuerdo la fascinación de otra persona que me habitó, un adolescente en ese momento, cuando encontró un viejo libro con las fotos en blanco y negro de los bosques arrasados y otras destrucciones, y entonces se inició una búsqueda voraz de todo lo que estuviera relacionado con un estallido mil veces más poderoso que el de la bomba atómica de Hiroshima.

Ahora los científicos están convencidos que fue un meteorito, pero durante décadas ‘el misterio de Tunguska’ alimentó las más extraordinarias teorías, incluyendo la de un OVNI, la de un encuentro con la antimateria, y otras. Si hubiera demorado cuatro horas más, la explosión habría ocurrido encima de San Petesburgo. Un poco más tarde ¿dónde? En todo caso la historia de nuestra cuestionada civilización sería distinta. Nos salvamos por un pelo. Pero, ¿fue un meteorito? Algunos defensores de la teoría de la nave espacial han dicho que un piloto de algún lejano planeta habría elegido el lugar de la caída de la aeronave para provocar el mínimo impacto posible. ¿Los científicos estarán equivocados?

Ojalá no se equivoquen los del CERN, que tienen a los apocalípticos al borde de un ataque de nervios. No les gusta nada que un experimento humano produzca fenómenos siderales (o divinos) como burbujas de vacío, materia extraña, energía oscura, antimateria y, por si fuera poco, agujeros negros microscópicos. Ya se sabe, los agujeros negros son voraces por naturaleza, ¿quién dice que no podrían crecer y finalmente tragarse un planetilla bien aderezado? ¿para qué queremos recrear el origen del universo si hasta ahora hemos estado tan bien? ¿dónde queda ese findemundo?

Pues se necesitan sólo un par de buses para llegar hasta la parada del CERN desde la estación de tren de Ginebra. No es un barrio cualquiera. Se trata del Centro de investigaciones nucleares europeo, famoso porque, entre otras cosas, allí fue inventada la Web, la www, es decir algo así como el ‘big bang’ de internet. Ahora, claro, andan detrás de otros big bangs.

Durante años la presencia del laboratorio no fue traumática, nadie sabía muy bien lo que estaban haciendo allí dentro. Y cuando en el pub te encontrabas con un físico de partículas que había ido a ver el partido de fútbol, pues tomabas cerveza y hablabas de fútbol. Pero ahora es noticia sabida que 100 metros bajo tierra hay un túnel circular de 27 kilómetros de largo donde estarán disparando trillones o cuatrillones de partículas que alcanzarán hasta 99,9 % de la velocidad de la luz. Y que uno de los resultados esperados es, pues, ¿cómo explicarlo?, recrear el famoso origen del universo.

El último comunicado de la oficina de prensa del CERN dice que este túnel acelerador de partículas, requeteconocido como LHC, comienza a funcionar ¡en agosto! Esto sucederá tan pronto como todos sus sectores hayan sido enfriados hasta ‘1,9 grados por encima del cero absoluto’. Esto quiere decir apenas por encima de -273,15 grados Celsius. Cualquiera que haya leído Wikipedia, sabe que según la tercera ley de la termodinámica el cero absoluto es inalcanzable, pero es posible acercarse. ¿Por qué tanto frío?, pues porque los choques de partículas subatómicas, los rayos de protones y de iones, la búsqueda de nuevas propiedades de la materia, requieren mucha energía.

A los desprevenidos sólo queda contarles que como resultado de los experimentos en este túnel se espera revolucionar el mundo de la física, y además mejorar nuestra comprensión, tanto de lo que sucede en el interior de los pequeñitos átomos, como “en la vastedad del universo”. Estremecedor, como mínimo.

Hay un anuncio público muy gracioso emitido por el CERN en el cual, de una manera muy sutil, explican por qué el mundo no se va a acabar cuando el acelerador comience a funcionar. Por ejemplo, porque si todos los días caen rayos cósmicos a la tierra, y no ha pasado nada, pues nada pasará en el LHC. Porque no hay evidencias de que la generación de ‘materia extraña’ o ‘strangelets’ sean dañinos. Las burbujas de vacío que acabarían con nuestra existencia no se pueden producir en el laboratorio, pues nunca han ocurrido en el universo. Y los monopolos magnéticos son partículas hipotéticas, aunque se piensa que si existieran podrían producir la desintegración del protón. Todo lo cual, suena horriblemente tranquilizante.

El párrafo más interesante es el de la formación de agujeros negros microscópicos cuando las partículas “con energía comparable a la de un mosquito volando” choquen. Bueno, aseguran que eso no es suficiente para producirlos, aunque admiten que existen teorías especulativas sobre la posibilidad de que el experimento si los genere. Si eso sucediera, serían inofensivos, aseguran. ¿Agujeros negros microscópicos con efectos macroscópicos? Si los rayos cósmicos tuvieran este efecto secundario, la Tierra no existiría, advierte el comunicado.

Lo más interesante de todo esto es lo seguros que están de que no pasará nada. En fin, uno hubiera pensado que el comienzo del universo había sido también un acontecimiento… apocalíptico. En todo caso el experimento es genial. Según dicen, será realizado en el espacio más vacío que existe en todo el sistema solar. Recórcholis.

Esto me deja pensando en la ciencia, en nuestra incansable capacidad de buscar, de entender, de progresar. Claro, se me ocurren otras pasiones muchísimo menos graciosas e igualmente persistentes, también asociadas a algunas ciencias. ¿O quizás ya alguien tenga preparada una frase del tipo “Ahora, me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”? Pero es lunes y trato de buscar una noticia que no me haga pensar en los agujeros negros microscópicos.

Bueno bueno, un blog de The New York Times dice que el objeto que cayó en Tunguska no era tan grande después de todo, y que sería bastante difícil detectarlo a tiempo con un telescopio. Esta no es una buena noticia, sin dudas. Ahora el desafío es buscar un modo de detectar estas rocas relativamente pequeñas, y de desintegrarlas o desviarlas si se ponen peligrosas. De película.

El mismo blog dice que, según le dijeron, alguien leyó que el hielo del Polo Norte podría estar derretido este año. ¿Qué haremos con este planeta, fuera de quejarnos? Es evidente que estamos a punto de reproducir el big bang en un laboratorio suizo, pero aún no terminamos de ponernos de acuerdo sobre el calentamiento global, ni sobre qué hacer para desactivar el dióxido de carbono. ¿Enviar a la atmósfera nubes de nanorobots autoreplicables que se alimenten de la contaminación y nos permitan contaminar lo que nos de la gana sin preocuparnos? Bueno, tarde o temprano los nanorobots se la tomarán con alguien más, cuando no haya más dióxido de carbono para comer.

Busco en el diario una buena noticia, y la encuentro: en el suelo de nuestro querido planeta Marte se podrían cultivar espárragos, “pero fresas no”. Bueno, la afirmación estuvo basada en datos de la sonda Phoenix. Pero esa conclusión tal vez no sea tan feliz. Se necesita algo más que suelo alcalino para habitar un planeta que, por lo demás, se ve bastante desierto. Tal vez ese sea el resultado de una megaTunguska que afectó a Marte en la antigüedad…

Porque otra noticia dice que en Marte se acaba de descubrir el cráter más grande del sistema solar, provocado por el impacto de un cuerpo del tamaño de Plutón (era un planeta, no sé si se acuerdan, ahora hasta creo que le cambiaron el nombre, y lo degradaron, y la vida sigue igual). Eso fue hace miles de millones de años, se especula. Un profesor citado por ahí afirma: “en esa época nuestro naciente sistema solar si que era entretenido”.

No sé, se me ocurre que quizás los marcianos, si existían antes del impacto, podrían haber decidido migrar hacia el planeta más cercano en el sistema solar. “Es horrible, está lleno de árboles”, quizás dijo uno de los marcianos. “¿Se podrán cultivar espárragos?”, preguntaría otro, ansioso.

Hora de partir.
>>>>>>> (Luis Córdova, Lima, 30 jun 2008)

Más sobre estos temas:
Insólito universo

http://www.ciberama.com/archives/2008/04/insolito-universo.html

Antimateria: entre el todo y la nada
http://www.ciberama.com/archives/2008/01/el-futuro-esta-cargado-de.html

Nostalgia del infinito
http://luiscor.typepad.com/index/2008/03/nostalgia-del-i.html

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