Algunos recuerdos vuelven sin previo aviso y tienen una propiedad: son desencadenantes. Pasamos de una línea a la otra de nuestra memoria. Así aparecen en el horizonte de días comunes y silvestres ingredientes importantes de nuestra existencia. Pienso en todas estas pendejadas porque en busca de una referencia en el peligrosísimo Gmail, donde encontramos incluso lo que creíamos sepultado en un chat de madrugada y etiles, una palabra clave me trajo de vuelta un poema, y la textura de un libro gris, bastante ancho, que se fue hace tiempo en otras manos, y de un pasillo universitario donde se escuchaba
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