Luces opacadas por la niebla, estrellas invisibles tras las nubes, frío. No hay viento, las siluetas de los árboles parecen fantasmas y el museo de Bellas Artes luce como un castillo encantado. No pasa nada, es sólo una noche de comienzos de otoño en Santiago. Más peligrosa es la música: Coltrane en diversas formas. Siempre el saxo, claro, inexplicable, misterioso y rotundo. Ah, y ahora con el piano de Monk!
Una noche de otoño y jazz.



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