En un momento de soledad escucho el sonido cosmofónico de mi teléfono móvil y corro hacia el aparato, estilo cámara lenta, para saber quién manda un mensaje. Pero oh sorpresa, es sólo una publicidad, otra infame aparición del Spam. La desilusión trae de vuelta una imagen: ¿qué sucede cuando un bloque de carne aglomerada y ciertamente misteriosa es arrojado contra un ventilador que gira a la máxima velocidad? *
Durante las últimas semanas aumentó la sensación que estar expuesto a mensajes no solicitados, o basura, masivos e indiscriminados, que se cuelan en mi existencia ciberespacial.



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